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2.12.09


Harta ya de los “caballeros” que la pretendían ( y “pretendían”) cortejarla ( imberbes palurdos) tomó un gis y en una puerta dibujó al que sería el amor de su vida.

Desde entonces en su mesa no faltaron flores de borradores ni en su refri tizas de sabores; cada viernes iban a admirar el graffitti y cuando tenían ganas de algo triste leían los letreros de Se busca.

Todo acabó una noche de verano. Había llovido la noche anterior y ella olvidó cubrirlo de celofán; Se acabaron las tizas, los borradores y los letreros de se busca.